Estados de Consciencia y Condiciones Externas – Causa y Efecto

 

La vida es ser, es la experiencia de los estados de consciencia, y hay una correspondencia infalible entre estos estados internos y nuestras condiciones externas. De la Creación Original, vemos que el estado de consciencia debe ser la causa, y las condiciones correspondientes, el efecto, porque al comienzo de la creación no existían condiciones y el funcionamiento de la Mente Creativa sobre sí misma solo puede haber sido un estado de la consciencia.

Esto, entonces, es claramente el Orden Creativo – de los estados a las condiciones. Pero invertimos este orden, y buscamos crear de condición a estados. Decimos: si tuviera tales y tales condiciones, produciría el estado de sentimiento que deseo; y al decir esto corremos el riesgo de cometer un error en cuanto a la correspondencia, pues puede resultar que las condiciones particulares que fijamos no son las que producirían el estado deseado. O, quizás, aunque pudieran producirlo en cierto grado, otras condiciones podrían producirlo en un grado aún mayor, mientras que al mismo tiempo abrirían el camino al logro de estados todavía más altos y aún mejores condiciones. Por lo tanto, nuestro plan más sabio es seguir el patrón de la Mente Paterna y hacer que el auto-reconocimiento mental sea nuestro punto de partida, sabiendo que por la Ley inherente del Espíritu las condiciones correlacionadas vendrán por un proceso natural de crecimiento.

Entonces el gran auto-reconocimiento es ese de nuestra relación con la Mente Suprema. Ese es el centro generador y nosotros somos centros distribuidores; al igual que la electricidad es generada en la estación central y entregada en diferentes formas de poder por el paso a través de centros de distribución apropiados, de modo que en un lugar ilumina una habitación, en otro transmite un mensaje y en un tercero conduce un tranvía. De la misma manera, el poder de la Mente Universal toma formas particulares a través de la mente particular del individuo. No interfiere con las líneas de su individualidad, sino que trabaja a través de ellas, haciéndolo no menos, sino más a sí mismo. Por lo tanto, no es un poder que obliga, sino que expande e ilumina; de modo que cuanto más el individuo reconoce la acción recíproca entre este él y este poder, se volverá más lleno de vida.

 

Extracto de “Las Conferencias de Dore” por Thomas Troward / Traduccion de Marcela Allen Herrera