Libérate de la Opinión Ajena

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El tesoro más preciado que puede tener un ser humano es la libertad y es justamente eso lo que constantemente busca nuestra alma. Pero no me refiero a la libertad física sino a la libertad interior.

Durante nuestra vida atravesamos por numerosas experiencias y muchas veces sin darnos cuenta nos encadenamos a algún recuerdo doloroso, a culpas, resentimientos u otras circunstancias que nos roban la libertad. Vivimos interiormente en una cárcel sin siquiera ser conscientes de ello.

En lo personal, hay una situación en particular que me mantuvo atada por mucho tiempo; cuando me hice consciente de ello y pude librarme sentí una maravillosa sensación e hizo que todo un nuevo mundo se abriera  ante mis ojos, esto fue cuando me liberé de la opinión ajena.

El prestar atención a lo que opinan los demás o dejarse influenciar por sus comentarios nos provoca un desgaste enorme y no nos permite ser auténticos, no nos deja disfrutar siendo quienes realmente somos por miedo a ser juzgados o al que dirán.  No hay nada más hermoso que ser uno mismo, sin tratar de agradar o de ser perfectos, dejando de lado cualquier máscara y solo ser como somos.

El camino para liberarse de la opinión ajena comienza por entender que cada persona es un mundo aparte porque todos hemos tenido diferentes experiencias, hemos aprendido cosas distintas y por tanto percibimos el mundo de manera distinta. De esta forma, cada quien verá las cosas desde su propia perspectiva la cual será siempre diferente a la nuestra, nadie puede mirar a través de nuestros ojos.

Al comprender esto, nos damos cuenta que las opiniones de los demás no se refieren a nosotros sino a la forma que ellos tienen de ver el mundo de acuerdo a sus historias y a sus experiencias.  Lo que el otro dice, lo que hace, lo que opina es solo el reflejo de su mundo interior y eso no tiene absolutamente nada que ver conmigo. Lo único que debe importarme es lo que Yo opino porque esa es la única opinión basada en la verdad, en MI verdad, en lo que yo he experimentado, en lo que yo conozco de la vida.

Por eso si alguien me dice: “Qué bien te ves” o si me dice: “No te queda bien ese peinado” ninguna de las dos opiniones realmente son importantes para mí porque reflejan la opinión de un mundo distinto al mío. En mi mundo yo tengo muy claro lo que me gusta y lo que no.

De igual forma si alguien me dice algo ofensivo,  no me lo tomo personalmente, porque sé que se trata de su problema y no del mío, es decir se está refiriendo a sí mismo, haciendo una descripción de su propio mundo, de donde vive en su interior, de la forma que ve el mundo, no a mí. Quizás tuvo un mal día, tiene problemas personales, heridas emocionales…  Lo cierto es que nada de lo que otro diga está relacionado conmigo, sino con ellos.

También hay veces en que alguien nos dice que les hacemos daño con nuestras palabras o acciones. No somos nosotros quienes hacemos daño, sino  son sus propias heridas internas, nosotros no las pusimos ahí, esas ya estaban, mis palabras solo las hicieron relucir, pero no es mi culpa. Es su historia y no soy yo quien debe sanar esas heridas, el problema no es conmigo sino con sí mismos.

Cuando mis opiniones son claras en mi interior, cuando sé muy bien quien soy y comprendo que siempre actúo de la mejor forma que me es posible de acuerdo a mi evolución,  cuando acepto que cometo errores porque estoy aprendiendo pero con amor me perdono, en definitiva cuando aprendo a amarme incondicionalmente, lo que digan los demás deja de ser importante para mi, ya no necesito de la aprobación o del amor de los demás para ser feliz.

Lo que opinen los demás pasa a ser solo eso: una opinión.

Marcela Allen Herrera