Aprender a decir ‘No’ es imprescindible para nuestro desarrollo personal y nuestra felicidad. Aunque estas dos pequeñas letras puedan parecer intimidantes al principio, son increíblemente poderosas y beneficiosas en muchos sentidos.
Para mí, este aprendizaje no fue sencillo. Durante mucho tiempo, fui una persona complaciente, siempre dispuesta a dejar de lado cualquier cosa para cumplir con las peticiones de los demás. Decía ‘Si’ de forma automática, sin detenerme a considerar si realmente quería o podía cumplir con lo que me pedían. Después de aceptar, me encontraba ajustando mis horarios y planes para cumplir con lo solicitado; o pasaba horas, e incluso días, intentando encontrar una excusa para cancelar algo que simplemente no debí haber aceptado. No entendía por qué me resultaba tan difícil decir “No”.
El primer paso para cambiar esto fue aprender a mirarme y a reconocer mi propio valor. Me di cuenta de que era muy fácil reconocer lo que querían o necesitaban los demás, pero rara vez podía responder a esas mismas preguntas sobre mí misma. Comprendí que yo también era importante y que debía empezar a prestarme atención. Por eso, comencé a preguntarme constantemente: ¿Qué quiero? ¿Qué me gusta? ¿Qué necesito? Estas tres preguntas se convirtieron en guías fundamentales en mi vida diaria.
Hasta ese momento, mi objetivo principal había sido ser aceptada por los demás, y para ello trataba de complacer a todos. Pero decidí cambiar mi enfoque: comencé a valorar por sobre todo la autenticidad, a mostrarme tal como soy, y a expresar claramente lo que realmente quería y necesitaba.
Detrás del “No”: Miedo al Rechazo y Necesidad de Aprobación
La dificultad para decir “No” está arraigada en varios factores psicológicos. Uno de los más comunes es el miedo al rechazo. Como seres humanos, tenemos una necesidad innata de pertenencia y aceptación. Decir “No” puede hacernos sentir vulnerables, ya que tememos ser rechazados. Justamente, este miedo es el que nos lleva a priorizar las necesidades de los demás por encima de las nuestras.
Además, muchas veces desde una edad temprana nos enseñan que ser “bueno” o “amable” significa complacer a los demás, incluso a costa de nuestro propio bienestar. Esta creencia, aunque bien intencionada, puede llevarnos a ignorar nuestras propias necesidades y deseos, perpetuando un ciclo de complacencia que nos deja sintiéndonos agotados y resentidos.
Un Acto de Amor Propio
Al principio, rechazar invitaciones o peticiones me hacía sentir culpable; a menudo sentía la necesidad de ir a disculparme o de compensar mi negativa. Temía decepcionar a los demás o ser percibida como egoísta. Sin embargo, pronto me di cuenta de que las personas que realmente me querían comprendían y respetaban mis límites. Por otro lado, aquellas que se molestaban porque les decía “No” demostraban que en realidad estaban más interesadas en lo que podían obtener de mí que en mi bienestar. Esto me permitió distinguir entre relaciones que realmente valían la pena y aquellas que no aportaban nada positivo a mi vida, y simplemente las dejé ir.
Hoy, me siento profundamente orgullosa de haber aprendido a decir ‘No’ cuando es necesario. Y aunque no siempre me resulta fácil, ahora comprendo que no es un acto de egoísmo ni un intento de lastimar a los demás, sino un gesto de amor y respeto hacia mí misma.
Al establecer límites claros, no solo protegemos nuestro bienestar, sino que también permitimos que los demás nos valoren por lo que realmente somos, y no por lo que esperan que seamos.
Por Marcela Allen Herrera. Experta en Mindfulness y Filosofía del Nuevo Pensamiento.