La Vida es Esencialmente Buena

¿Vivimos en un universo malvado y somos víctimas de un destino malicioso y cruel? ¿O vivimos en un universo ordenado cuyo principio subyacente es la ayuda y el amor? Parece que la mayoría de nosotros, internamente, creemos en la primera opción y no en la segunda. Esto explica por qué albergamos miedos subconscientes y por qué tendemos al pesimismo, aunque exteriormente aparentemos lo contrario.

¿Quién puede decir qué terribles efectos genera este pesimismo interno? Creer en el mal a menudo conduce a que este se materialice. Creer en el fracaso tiende a producir fracaso; creer en la enfermedad, a provocar enfermedad y así sucesivamente.

Lo que se necesita es un cambio de creencias, lo cual, casi automáticamente, propiciará un cambio en nuestros pensamientos.

El hecho es que habitamos en un universo ordenado, pero nosotros mismos somos desordenados. No estamos en sintonía con nuestro verdadero entorno, que es un universo ordenado y perfecto. La ley oculta de la vida es el amor y la cooperación.

El biólogo Rheinheimer, enseña que a través de toda la naturaleza, tanto en plantas como en animales, la salud y el progreso surgen cuando se obedece esta ley de cooperación, mientras que la enfermedad y el desorden ocurren cuando se transgreden, es decir, cuando prevalecen prácticas depredadoras en lugar de actitudes de servicio y cooperación.

Primero, debemos creer que vivimos en un universo ordenado y que la vida se funda en el Amor. También necesitamos reconocer que la causa de nuestro propio mal, o el desorden en nuestra vida, se encuentra en nosotros mismos. La verdad del asunto es que no estamos en armonía con la vida ni vivimos conforme a su ley fundamental.

La armonía, la paz, el verdadero éxito y una vida libre de preocupaciones solo son posibles en la medida en que nos alineemos con la vida —con el ordenado universo en el que existimos— y actuemos en conformidad con la ley de la vida y del universo, que es el amor o la ayuda cooperativa.   

Llegará un momento, como profetizó Isaías, cuando esta ley se observe universalmente: “Cuando el león coma la misma comida que el buey, y cuando no harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor, así como las aguas cubren el mar”. Este estado ideal puede estar lejano, pero quienes conocemos la verdad podemos comenzar a aplicarlo aquí y ahora. Al hacerlo, inevitablemente atraeremos paz y armonía a nuestras vidas, una paz indescriptible.

Podemos agradecer al cielo todos los días por vivir en un universo ordenado; podemos orar cada día para estar en sintonía con él; podemos pensar y actuar cada día según su principio subyacente o ley de cooperación y servicio útil.

En todas las circunstancias de la vida, nuestro primer pensamiento debería ser, no qué puedo obtener de ello, sino ¿cuánto puedo ayudar con ello? Esto puede parecer una tontería según los estándares mundanos, pero es en realidad la sabiduría más elevada y conduce al logro de una vida de verdadera armonía, satisfacción y paz.

Había una vez un hombre sabio, que vivía en un pequeño pueblo al que muchos acudían en busca de consejo. Un día, un recién llegado fue donde el sabio y le dijo: ¿Qué clase de personas viven aquí? El sabio respondió con otra pregunta: ¿Qué tipo de personas había en la ciudad de donde vienes? El recién llegado dijo: Eran personas miserables, hostiles y difíciles de tratar. Bueno, dijo el sabio, aquí encontrarás lo mismo.

En ese momento, otro recién llegado se acercó al sabio y le hizo la misma pregunta: ¿Qué clase de personas viven aquí? El sabio nuevamente respondió, preguntando: ¿Cómo era la gente en la ciudad de dónde vienes? Oh, eran personas espléndidas, amables, amigables y llenas de bondad. Lamenté dejarlos, respondió. Entonces, dijo el sabio, aquí encontrarás lo mismo.

Este relato, más que un simple cuento, refleja una gran verdad. Nuestro mundo individual es un reflejo de nuestra vida mental. Lo poblamos con odio y discordia, o con amor y armonía, según nuestros pensamientos. Nuestra vida está llena de adversidades en la medida en que no logramos armonizarnos con el Orden Divino, que es la única Realidad.

La vida, en esencia, es buena, aunque puede contener muchas decepciones y muchos golpes. Muchos de estos, sin embargo, son nuestra propia creación.¿No es cierto que en la mediana edad y la vejez cosechamos los frutos de los errores o pecados de nuestra juventud?

La vida es buena, aunque sea una mezcla de caracteres. Si nos armonizamos con ella y aceptamos sus disciplinas, podemos evitar mucha miseria y problemas. En otras palabras, dejamos de crear nuestro propio mal.


Por Henry Thomas Hamblin – Wisdom Collection

Traducción Por Marcela Allen Herrera. Experta en Mindfulness y Filosofía del Nuevo Pensamiento.

Image by Анастасия Гепп from Pixabay


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