En nuestro interior existe una voz muy sabia que nos habla y nos dirige. Sin embargo, también nos pertenece una segunda voz, la cual, por el contrario, nos perturba y nos infunde miedo; todos tenemos esa otra vocecilla mal intencionada detrás, me gusta cómo lo expresó el filósofo del siglo XVI, Thomas Browne: “Dentro de mí hay otro hombre que está en contra mío”. Suena gracioso, pero es muy cierto.
Podemos entender mejor lo que sucede en nuestro interior, si imaginamos que tenemos dos mentes, una que pertenece al cuerpo y otra al espíritu. Las ideas del espíritu son sabias porque provienen directamente de la Fuente Infinita, por tanto, están basadas en la verdad y en el amor. Mientras que las ideas de la mente más pequeña están basadas sólo en percepciones erróneas y falsas y por tanto generan temor.
La mente que más escuchemos será la que hable más fuerte y la que tendrá más poder e influencia sobre nosotros, pero como es lógico, la voz de la mente pequeña no nos ayudará a encontrar la felicidad, sino por el contrario, nos dirigirá hacia la confusión y la desdicha.
La voz superior es la única que nos lleva a la conexión con Dios y es por esta razón que debemos ser muy firmes y cerrarnos completamente a escuchar las ideas que nos infunden miedo o preocupación y confiar plenamente en la voz del espíritu. En este sentido, debemos seguir el ejemplo de la naturaleza, observa por ejemplo a los pájaros; cuando sienten el llamado en su interior diciéndoles que deben emigrar simplemente lo hacen. ¿Te imaginas lo que sucedería si se detuvieran a escuchar una segunda voz que les dijera: – “Y qué tal si no encuentro un árbol donde quedarme; o qué tal si me pierdo… No, mejor me quedo acá, ya tengo mi árbol y estoy acostumbrado a el. Aquí estoy bien”. – Y así se quedaran congelados ante la llegada del invierno, quejándose de la vida cruel que les tocó vivir.
Precisamente eso es lo que nos sucede, dentro nuestro está esa voz infinita y sabia que nos dice exactamente qué hacer, pero en lugar de escucharla y dejar que nos guíe, preferimos prestarle atención a la otra voz que nos llena de temor y desconfianza, poco a poco le vamos dando más poder y nos alejamos de la voz superior hasta el punto de ser incapaces de escuchar lo que nos dice, así congelamos y paralizamos nuestra vida, en lugar de simplemente permitir que fluya y que nos conduzca hacia algo mejor.
Si queremos ser divinamente guiados, debemos escuchar sólo la voz del espíritu y alinear nuestros pensamientos con los de la Mente Superior, es decir tratar de pensar como Dios, que es amor.
Presta mucha atención a tus conversaciones internas, escucha el diálogo que mantienes en tu interior y hazte consciente de cuál voz está hablando, porque recuerda la voz que más escuches tendrá más poder y te hablará más fuerte.
La mayor parte del tiempo somos inconscientes de nuestro diálogo interno y desconocemos que es precisamente éste el que va modelando nuestra vida, ya sea para bien o para mal. Esas palabras que están en nuestra mente tienen poder y aunque no las digamos en voz alta, igualmente las estamos diciendo y atraerán hacia nosotros el elemento que está detrás, sea bueno o malo.
Cada minuto del día tienes la opción de decidir cuál voz escuchar, la decisión es siempre tuya. Pero ten presente que si optas por escuchar las ideas basadas en el miedo, con cualquiera de sus negativos matices: inseguridad, rabia, celos, envidia, juicios, criticas, etc. esa voz comenzará a actuar en ti, llenándote de problemas y sufrimientos porque te alejan de la verdad y del camino de la felicidad. Por el contrario, si optas por las ideas que están basadas en el amor, entonces te estarás conectando con Dios y esta voz comenzará a hablarte más fuerte y te guiará sabiamente hacia la obtención de algo cada vez mejor; nuevas ideas llegarán a tu mente, atraerás personas que puedan ayudarte, circunstancias favorables; en definitiva, verás como todo el mundo a tu alrededor se alineará para tu beneficio.
Extracto del libro “Alguien te Llama” por Marcela Allen Herrera